...

lunes, 4 de abril de 2016

Algo de historia

   Surgió en la primera mitad del siglo XVI como el bajo de la familia de las violas da braccio. Uno de los primeros instrumentos que han sobrevivido data de 1572 y fue creado por Andrea Amati. Antonio Stradivarius consiguió la mejores proporciones y tamaño, en torno a los 75 cm, a partir de 1710. 



   Inicialmente se tocaba de pie, sosteniéndose el arco con la palma de la mano hacia arriba.  A lo largo de mediados y segunda mitad del XVIII la mano va agarrando el arco más hacia su extremo, y se impone su ejecución sedente, con el instrumento entre las piernas. A partir de inicios del XIX se va difundiendo el uso del Puntal que fija el instrumento al suelo y ofrece más seguridad y resonancia. Esta evolución afectó igualmente al propio instrumento, que creció algo en volumen, mientras la mayor inclinación del clavijero respecto a la tabla de resonancia desembocó en una mayor tensión de las cuerdas, y por consiguiente, en más volumen, más brillantez y cierta pérdida de armónicos. 






    El violonchelo aparece definitivamente instalado como el segundo instrumento de cuerda en una formación sinfónica -en la actualidad, una orquesta puede contar con una sección de cellos de entre 10 o doce instrumentos-, mientras consolida su papel como relevante instrumento camerístico, tanto dentro del tradicional trío o cuarteto, como en las más diversas posibilidades instrumentales. La producción concertística aumenta en el siglo XIX, que deja alguna de las muestras más paradigmáticas del género, e incluso se expande aún más en el siglo XX, con nuevas creaciones de todo tipo, algunas escritas especialmente para solistas tan relevantes como el español Pau Casals o el ruso Mtislav Rostropovich, de los cuales hemos hablado ya antes.